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Antonio José de Irisarri como escritor

Por Ariel Batres Villagrán
Antonio José de Irisarri en sus libros Amar hasta fracasar, sólo empleó la vocal ‘a’; en Pepe, el de jerez, sólo empleó la ‘e’, y en Los mozos gordos, sólo la ‘o’.

Ciudad de Guatemala, 13 de diciembre de 2007/ Posteriormente, y como resultado de las intrigas que surgieron alrededor del referido Tratado, durante el denominado periodo de la reconquista del territorio retomado por los españoles -en el que obtuvo el grado de coronel-, Irisarri fue hecho prisionero el 22 de julio de 1814, deportado a Mendoza, Argentina, y finalmente se exilió en Londres. Regresó a Chile donde redactó el Manifiesto del gobierno a los pueblos que forman el Estado de Chile (1818), que en ese mismo año se convertiría en la primera Constitución Provisoria. Fue también ministro del Interior y de Relaciones Exteriores (1818), y representante diplomático de Chile en Francia e Inglaterra (1819-1824) durante el gobierno de Bernardo O’Higgins.

 

Cuando se encontraba en Inglaterra escribió su Carta al Observador en Londres (1819), que por su extensión más parece un libro. En la edición de la Tipografía Nacional de Guatemala (1972), el citado documento, así como otros que adjuntó Irisarri para demostrar la validez de su epístola, se puede encontrar en las páginas 17 a la 144.

 

Con el Gobierno inglés negoció, entre 1819 y 1822, el primer préstamo externo para Chile. La obtención del mismo, en 1822, le valió fuertes críticas de sus detractores, y cuando O’Higgins entregó el mando Irisarri fue a juicio, aunque salió bien librado pues comprobó que su actuación había sido transparente. En Inglaterra cultivó una gran amistad con Andrés Bello (1822-1826), a quien nombró su secretario en 1822, la cual se mantendría hasta la muerte. En 1847 redactó una Carta prólogo a la primera edición venezolana de los Principios de Derecho Internacional, obra escrita por Bello.

 

Al tener conocimiento de la Independencia de la entonces conocida como Capitanía General de Guatemala, hoy Centroamérica, en su calidad de embajador chileno envió cartas a la Junta Provisional Consultiva de Guatemala (1822). Irisarri remitió sus misivas a dicha Junta y no a Gabino Gainza, quien era el jefe político o primer Jefe de Estado que tuvo Guatemala. Irisarri conoció a Gaínza personalmente en Chile, cuando participó en las negociaciones del Tratado de Lircay, en 1814. De seguro por ello y por protocolo diplomático prefirió dirigirse a la Junta. En la primera carta se congratula por la Independencia, como guatemalteco y a la vez representante del Gobierno chileno en Londres. La segunda carta tiene fecha 12 de febrero de 1822, en la cual se permite aconsejar a los miembros de la Junta Consultiva en torno a la posición que deben asumir frente al envío de emisarios o espías por parte de España.

 

En Guatemala (1827-1829) se desempeñó como Ministro de la Defensa. Tiempo después, al escapar de la prisión en El Salvador donde se encontraba por órdenes de Francisco Morazán, viajó de nuevo a Chile donde llegó a ocupar, entre otros cargos, el de Gobernador de Curicó (1835-1836) e intendente de la provincia de Colchagua (1836-1837). Negoció los Tratados de Paz de Paucarpata (1837), para dar fin a la guerra entre la Confederación Perú-Boliviana y Chile, la cual tuvo como principal escenario al territorio de lo que actualmente es la república del Perú, y determinó la disolución de la Confederación. Sin embargo, como los chilenos no estuvieron de acuerdo con los términos del Tratado de 1837, continuaron la guerra -que concluyó el 25 de agosto de 1839- y condenaron a Irisarri a la pena de muerte, por lo que éste se vio obligado a trasladarse a Sudamérica y el Caribe (1838-1849), como Arequipa, Perú (1838) y Ecuador (1838-1845). En este último país publicó, en 1849, los resultados de su brillante investigación llevada a cabo entre 1845-1849, Historia crítica del asesinato cometido en la persona del Gran Mariscal de Ayacucho, con base en su pesquisa sobre la muerte de Antonio José de Sucre, ocurrido el 4 de junio de 1830.

 

Irisarri vivió un tiempo en la isla de Curaçao o Curazao (1845), y después en Bogotá, Colombia (1846-1849). En esta ciudad publicó su novela autobiográfica “El cristiano errante. Novela que tiene mucho de historia” (1846), originalmente en el periódico homónimo fundado por él y más adelante como libro (1847). Su azarosa vida lo llevó, cual cristiano errante, por diversos países de Europa y América. Además, según la descripción que hace de él Guillermo Feliú Cruz, escritor chileno que en la edición santiaguina de 1929 redactó el Proemio bibliográfico de la novela-, el hecho de ser criticado y calificado de escritor vagabundo y venal dio origen al título de su impreso El Cristiano Errante. Irisarri señaló, en su oportunidad -cuando fue tachado de judío errante-, que no aceptaba el mote de judío pues él era de origen español, como sus padres, y tan católico y cristiano como éstos. Tómese en cuenta que en el siglo XIX se consideraba un insulto el ser denominado judío, y más si a ello se agregaba el epíteto de errante, lo cual conllevaba una carga de menoscabo.

 

En 1849 se trasladó a Estados Unidos, donde se radicó en forma definitiva y continuó atendiendo sus negocios privados hasta 1855. Dada su experiencia como diplomático y polémico escritor fue nombrado embajador de Guatemala ante ese país (1855-1868). Al mismo tiempo, también fungió con igual cargo para El Salvador y Nicaragua. En calidad de tal, su protesta contra la invasión de William Walker y sus filibusteros a Nicaragua y la doctrina Monroe (1855-1857) se hizo célebre.

 

Como un apasionado por la lectura y la limpieza en la escritura publicó, en 1861, el primer tomo de Cuestiones filológicas sobre algunos puntos de la ortografía, de la gramática y del origen de la lengua castellana, más conocido en su versión abreviada como “Cuestiones filológicas”, un estudio de la lengua castellana desde sus inicios. La investigación incluyó la búsqueda y análisis de documentos, a partir de 1155.

 

Al presentar sus Cuestiones filológicas, “confirmaba, así, una vez más, y en forma definitiva, lo aseverado por su gran amigo e incuestionable autoridad sobre la materia, Andrés Bello, de merecer ser considerado como uno de los más grandes hablistas españoles de todos los tiempos y el más grande de su época.” Por esta razón se le llegó a conocer como el “Cervantes americano”. (García Bauer, Carlos; Antonio José de Irisarri. Insigne escritor y polifacético prócer de la independencia americana. Tipografía Nacional. Guatemala, 2002. Páginas 65 y 70.)

 

García Bauer agrega, bajo suposición, que en lo que toca a sus Cuestiones filológicas, este libro lo escribió como una forma de perpetuar su memoria:

 

“Irisarri admiraba la riqueza de la lengua castellana, aunque no cesara de señalar las imperfecciones que advertía y aconsejara la manera de superarlas. Ejemplos de su conocimiento del idioma, así como de su habilidad para manejarlos en sus escritos, aunque no revistan mérito literario, sino sólo presentan juegos del ingenio, son sus historietas y relatos que compuso con una sola vocal, excluyendo las otras cuatro. Así, en el título del cuento Amar hasta fracasar, que tiene como 800 palabras, sólo empleó la ‘a’; en Pepe, el de jerez, sólo empleó la ‘e’, y en Los mozos gordos, sólo la ‘o’.

Dada la forma en que se manifestaba en sus escritos, y la atención que le dedicó a lo largo de su vida, no es aventurado decir, como se ha dicho, que Irisarri había concebido desde joven la redacción de un libro sobre filología española, que sirviera para perpetuar su memoria”. (Idem., página 69).

 

En 1863 Irisarri publicó la Historia del perínclito Epaminondas del Cauca. En la edición guatemalteca (1951), Manuel Galich señala en el prólogo que “no es una novela, pero tiene de ésta; no es historia, pero es una fuente para el que guste de estudiarla; (…) no es un tratado de política, pero abundan las ideas sobre los vicios de los gobiernos y las doctrinas en boga; no es un libro festivo, pero no faltan los epigramas y las alusiones regocijantes; es sí, en el fondo, una sátira demoledora, profunda, que hace meditar hondamente sobre el problema hispanoamericano. (…) Es la última obra de Irisarri, es como su última airada protesta, como su testamento político, como su postrero estremecimiento ante la catástrofe de la América Española”-

 

Sin embargo, no sería su último libro, pues Irisarri publicó, un año antes de morir, sus Poesías burlescas y satíricas (New York, 1867), donde recopila muchos de los poemas escritos desde 1806 en México, incluye algunos que figuran en sus dos novelas y otros que corresponden al final de su producción literaria. Don Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912), filólogo y crítico literario español, considerado el erudito y sabio por excelencia del siglo XIX, fue uno de sus calificadores. En 1911 dijo de Irisarri:

 

“(…) como poeta le faltó el quid divinum, así en el concepto como en la expresión y sus sátiras, sus epístolas, sus fábulas, letrillas y epigramas son más bien correcta prosa, incisiva y mordaz, salpimentada de malicias y agudezas que levantan roncha, que verdadera poesía, aunque por otro lado interesen más que muchos versos de poetas tan hábiles en su oficio como imbéciles en todo lo demás”. (Menéndez y Pelayo, Marcelino. “Historia de la Poesía Hispano-Americana”. Tomo I. Madrid, Librería General de Victoriano Suárez. 1911. Citado así en: García Goyena, Rafael; Fábulas. Prólogo, bibliografía y notas de Carlos Samayoa Chinchilla. Colección “Los clásicos del Istmo”. Ediciones del Gobierno de Guatemala, Tipografía Nacional, 1950. Páginas 148 y 149.)

 

A decir de José Rodríguez Cerna:

 

“Se adentraba en las tempestades cuando no las llevaba consigo. Su mordacidad es zarpa y dentellada: es natural que su poesía sea sátira. Si la polémica no llegaba a buscarlo, él echaba abajo puertas hasta dar con ella. Y se cree soñar al ver que pluma así pudiera suavizarse en pacíficos campos de cuestiones filológicas y en la gustosa picaresca del autobiográfico Cristiano Errante.” (Rodríguez Cerna, José; Loc. Cit.).

 

Además de las obras citadas, publicó cientos de artículos en los más de 15 periódicos que fundó en América y Londres, diversos “folletos” en defensa la causa de la Independencia, así como en contra de la Federación Centroamericana, los filibusteros y la Doctrina Monroe, y la colonización negra en Centroamérica, etc.

 

Por haber sido enterrado en 1868 en Nueva York, el Gobierno de Guatemala logró la repatriación de sus restos con motivo del primer centenario de su fallecimiento (1968), y mandó editar la recopilación de escritos y opiniones de y sobre el prócer, en el libro Centenario del fallecimiento de Don Antonio José de Irisarri, patrocinado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. En 1973 se creó la Orden Antonio José de Irisarri, y en 1986 se conmemoró el segundo centenario de su nacimiento con la publicación de una Antología de su obra. Véase: Browning, John; Antonio José de Irisarri -Antología. Academia de Geografía e Historia de Guatemala. Publicación Especial No. 37. Guatemala, 1999.

 

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